Poema Samadi

por Paramhansa Yogananda
(Versión de 1946)

 

Se desvanecieron los velos de luz y sombra,
Se disipó todo vapor de tristeza,
Zarparon sin retorno todos los amaneceres de alegría efímera,
Desapareció el tenue espejismo sensorial.

 


Amor, odio, salud, enfermedad, vida, muerte,
Perecieron estas falsas sombras en la pantalla de la dualidad.
Olas de risa, abismos de sarcasmo, remolinos melancólicos,
Disolviéndose en el vasto océano del éxtasis.

 


Apaciguada la tormenta de maya,
Por la varita mágica de la profunda intuición.
El universo, sueño olvidado, acecha subconscientemente,
Listo para invadir mi recién despertada memoria divina.

 


Vivo sin la sombra cósmica,
Pero ella no se ha despojado de mí;
Así como el mar existe sin las olas,
Pero ellas no respiraran sin el mar.
Sueños, despertares, estados de profundo turia, dormir.
Presente, pasado, futuro, ya no más para mí,
Sino el siempre presente, Yo todo-fluyente, Yo, en todas partes.

 


Planetas, estrellas, polvo estelar, tierra,
Erupciones volcánicas de cataclismos apocalípticos,
Horno moldeador de la creación,
Glaciares de silenciosos rayos X, ardientes torrentes de electrones,
Pensamientos de todos los hombres, pasados, presentes, porvenir,

Cada brizna de hierba, yo mismo, la humanidad,
Cada partícula de polvo universal,
Ira, codicia, bien, mal, salvación, lujuria,
¡Todo lo ingerí, todo lo transmuté
En un vasto océano de sangre de mi propio único Ser!
El júbilo latente, con frecuencia avivado por la meditación,
Cegando mis ojos llorosos,
Estalló en las llamas inmortales del éxtasis,
Consumió mis lágrimas, mi cuerpo, mi todo.

¡Tú eres Yo, Yo soy Tú,
Conocimiento, Conocedor, Conocido como Uno!
Tranquila, inalterable emoción, eternamente viva, ¡paz siempre nueva!
Dichoso más allá de las expectativas de la imaginación, ¡Samadi glorioso!
No un estado inconsciente
Ni un cloroformo mental sin deliberado retorno,
El Samadi amplía mi esfera consciente
Más allá de los límites del marco mortal
Donde Yo, el Mar Cósmico,
Contemplo el pequeño ego que flota en Mí.

Ni el gorrión, ni el grano de arena, caen sin que sean vistos por Mi.
Todo el espacio flota como un iceberg en Mi mar mental.
Recipiente Colosal, Yo, hecho de todas las cosas.
A través de la profunda, larga, sedienta meditación dada por el Gurú
Llega este celestial Samadi.
Se oyen los móviles murmullos de los átomos,
La oscura tierra, las montañas, los valles, ¡ahí están! ¡líquido fundido!
¡Mares fluidos se convierten en vapores de nebulosas!

El Om estalla en vapores, abriendo prodigiosamente sus velos,
Los océanos desvelan, brillantes electrones,
Hasta que finalmente suena el tambor cósmico,
Desvanece la burda luz en rayos eternos
De dicha omnipresente.

 


De la dicha vengo, por la dicha vivo, en dicha sagrada me fundo.
Océano de la mente, bebo todas las olas de la creación.
Los cuatro velos de sólido, líquido, vapor, luz,
Prestamente se levantan.
Yo mismo, en todo, entro en mi Gran Ser.
Se han ido para siempre las sombras irregulares, temblorosas, de la memoria mortal.
Inmaculado es mi cielo mental, debajo, delante y muy alto arriba.
La eternidad y yo, unidos en un mismo rayo.
Una diminuta burbuja de risa,
Yo me he convertido en el Mar de la Alegría misma.

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