Mi Primer Día

6 de Marzo de 2020

Fui a trabajar para Swami Kriyananda en 1968, ¡y mi primer día fue un desastre total! Pero, como muchos desastres, da lugar a una buena lección y a una buena historia.

Había estado ayudando a Swami Kriyananda como voluntario con pequeñas tareas en sus clases de la tarde durante muchos meses. Luego me pidió que deje mi empleo como trabajador social y que me convierta en su asistente, y luego de un par de semanas de indecisión, estuve de acuerdo. Esto es lo que ocurrió en la primera mañana del primer día.

Llegué al pequeño departamento de Swami en San Francisco y me encontré con que lo estaba visitando un viejo amigo. Adano Ley había sido líder de un centro en los días en que Swamiji estaba a cargo de la oficina central de Self-Realization Fellowship, y se habían vuelto muy cercanos.

Luego de saludarlos y conversar unos minutos, estaba listo para ponerme a trabajar. También estaba presente una mujer que ocasionalmente ayudaba a Swami con varios proyectos, sentada en una mesita en la sala. Esa mañana nuestro trabajo era enviar un correo masivo anunciando una nueva serie de clases.

Luego de saludarla, le pregunté, “¿Tenemos una lista de envío?” Estaba algo sorprendió al recibir una contestación enojada: “¡No es asunto tuyo!”

Al ser relativamente joven e ingenuo, insistí. “¿Tenemos por lo menos una lista de nombres?” De nuevo, me fue lanzada una respuesta enojada: “Ese es mi trabajo.”
A esta altura Swami y su amigo, Adano, ya podían ver hacia donde iba esto. Al ser hombres de sabiduría y discernimiento, se fueron en silencio hacia la cocina a tomar una taza de té—la cocina era el único lugar al que podían ir y cerrar la puerta.

La explosión no tardó en llegar. Luego de un par de preguntas más de mi parte y un par más de respuestas enojadas de ella, ella gritó, “Ya no soporto más esto. ¡Renuncio!” y salió dando pisotones, asegurándose de dar un portazo cuando se marchó.

Bueno, pueden imaginar mi disgusto y mi vergüenza. Me había tomado menos de una hora destruir completamente la oficina de Swami. Estaba sentado allí, rojo de la vergüenza, y temiendo tener que contarle a Swami lo que había sucedido. Resultó que no había necesidad de tener miedo. Tan pronto como no hubo moros en la costa, Swamiji y Adamo aparecieron desde la cocina y, para mi sorpresa, estaban riéndose tan fuerte que apenas podían permanecer de pie. Swami me miró y dijo, “Gracias. No sabía cómo iba a hacer para deshacerme de ella.”

Mi carrera como su asistente había tocado fondo muy rápido, y a partir de ese punto no había otro lado donde ir más que hacia arriba. Durante los meses siguientes trabajamos juntos en sus numerosos proyectos: imprimiendo y distribuyendo libros, anunciando y dando clases, correspondencia, finanzas, y, en poco tiempo, el comienzo de lo que se convertiría en Ananda.

Jyotish en 1971; los primeros años de Ananda Village.

Una lección aquí es que a menudo las cosas nos son lo que parecen. Dios ve a través de diferentes ojos, y lo que para nosotros parece un desastre es, si no causa de diversión, al menos una parte de Su plan de lecciones de vida. Él está mucho más interesado en nuestro crecimiento que en nuestra comodidad. Como decía Swami Kriyananda ocasionalmente, “El propósito de Dios no es hacer nuestro charco de barro del engaño más cómodo para jugar en él. Es sacarnos completamente del charco.”

Finalmente, ya sea que tengamos éxito gloriosamente o fracasemos desastrosamente, deberíamos sentir que es Dios actuando Su drama a través de nosotros. La próxima vez que una humillación menor ocurra en tu vida, recuerda estas sabias palabras de Paramhansa Yogananda: “Padre, enséñame a desempeñar mi trabajo solo para complacerte. Deja que Te sienta como la electricidad de la vida, moviendo la maquinaria de mis huesos, nervios, y músculos. En cada latido del corazón, cada respiración, cada explosión de actividad vital, enséñame a sentir Tu poder.”

En entrega desconcertada,

Nayaswami Jyotish

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