El Dilema de Hamlet
20 de febrero de 2026
“Ser o no ser: esa es la cuestión.” Estas palabras, pronunciadas por Hamlet en la obra homónima de Shakespeare, son quizás la frase más ampliamente reconocida de toda la literatura inglesa. En ese soliloquio, Hamlet lidia con la cuestión existencial de si seguir viviendo o no, o adentrarse en “el país desconocido de cuyas fronteras ningún viajero regresa.”
Sin embargo, para el devoto, esta pregunta adquiere un significado más profundo: si seguir viviendo en el ego, o aventurarse en ese “país desconocido” en busca de la consciencia del alma. Aunque estar en el estado del ego no nos proporciona la verdadera felicidad, al menos es un territorio familiar—un terreno que conocemos bien.
Podríamos pensar en el ego como un niño consentido que pregunta constantemente, “¿Y yo qué? ¿Dónde está lo mío?” La naturaleza de nuestra alma, en cambio, se parece más a una madre amorosa que dice, “Todo lo que soy y tengo, se lo doy incondicionalmente a mis hijos.” Así que debemos decidir, no si “ser o no ser,” sino qué queremos ser.
Cruzar el puente desde el ego hasta la consciencia del alma requiere fe y valentía. Cuando comenzamos el viaje espiritual, no estamos seguros de lo que descubriremos al final. Se nos dice que somos una chispa de lo Divino, pero ¿cómo se relaciona esto con el estado actual en el que nos encontramos? Como dijo Hamlet en el mismo discurso: “Así la consciencia nos vuelve a todos cobardes.” La búsqueda de Dios no es para cobardes, sino para quienes están dispuestos a aceptar el desafío, y perseveran con determinación hasta el final.
Sin embargo, una vez que comenzamos, el viaje puede resultar más fácil de lo que imaginamos. Un amigo comentó una vez, “La gente piensa que el sendero espiritual es largo, pero en realidad solo mide un metro—desde la base de la columna hasta el ojo espiritual.” Podemos acortarlo aún más, ya que la consciencia del ego se encuentra en el bulbo raquídeo en la base del cerebro. El verdadero viaje entonces se convierte en el movimiento de la energía desde el bulbo raquídeo, a través del cerebro, hasta el ojo espiritual.
Swami Kriyananda escribió: “Cuando sientas cualquier concentración de energía allí [en el bulbo raquídeo], haz un esfuerzo decidido para relajarte en ese punto. Libera la energía, y deja que fluya hacia la frente, al punto situado entre las cejas.”
En Sadhu, ¡Cuidado! Un Nuevo Enfoque de la Renuncia (pulsa aquí para ver el enlace en inglés), Swamiji ofrece muchos consejos prácticos para la trascendencia del ego. Aquí hay algunos:
1. Cuando ves algo que te gustaría para ti, cómpralo, pero regálaselo generosamente a otra persona.
2. Cuando te elogien, no aceptes el elogio en tu corazón, sino dale el crédito a Dios.
3. Si ves a otros ansiosos por compartir sus opiniones, déjalos hablar. Comparte tus pensamientos solo si ves que otros podrían estar interesados.
Estas son solo tres de las treinta y tres sugerencias de su libro, pero ilustran el principio: estar alerta para calmar al “niño consentido” del ego, y elegir en cambio morar en el Ser expandido.
Igual de importantes para llevarnos del ego a la consciencia del alma son las técnicas de meditación, especialmente Kriya Yoga. Cuanto más meditemos y llevemos la energía al ojo espiritual, más natural y familiar se vuelve la naturaleza de nuestra alma. Todas las técnicas de yoga tienen esencialmente este objetivo: mostrarnos quiénes y qué somos realmente. Con el tiempo, a medida que persistimos en nuestros esfuerzos, los viejos hábitos y actitudes egoicos desaparecen como una serpiente que muda su piel. Gradualmente, nos sentimos más cómodos en la paz y la alegría del alma que en la incesante agitación del ego.
Finalmente—y quizás lo más importante en nuestro esfuerzo por identificarnos con el alma—está la gracia del gurú. Guiándonos continuamente con manos amorosas, el gurú siempre nos muestra nuestro máximo potencial, sin importar cuántas veces tropecemos. En el Bhagavad Gita, Krishna le dice a Arjuna: “Absórbete en Mí; conságrate por completo a Mí; adórame y póstrate solo ante Mí: así, sin dudas, me alcanzarás. Esto te lo prometo fielmente, porque eres querido para Mí.” (18:65)
Elevémonos por encima de las nubes de incertidumbre y parálisis mental de Hamlet, y avancemos como guerreros espirituales en el ejército de Yogananda. Con confianza y convicción, vivamos las palabras del Maestro: “Cuando este yo muera, entonces sabré quién soy.”
Con alegría y gratitud por los dones de Dios,
Nayaswami Devi
